21 de junio de 2011

Cómo sacar partido de los propios errores



Hay un antigua frase que dice: "Lo que no mata, te hace más fuerte", y es cierto que debemos aprender de aquellas cosas que no hemos hecho bien, pero sin llegar a tener una negación absoluta hacia aquello que nos ha dañado; por ejemplo, si hemos tenido una mala experiencia en el amor, eso no nos debe llevar a descreer totalmente en él.  El tema es saber qué es lo que nos ha hecho mal o cuál es el error que hemos cometido, pero sin dejar de ver las otras cosas positivas que puedan llegar a rodear a ese asunto problemático.
Esta frase de Alexander Pope sintetiza de muy buena manera esto que aquí está expresado. Leanla y saquen sus propias conclusiones:

"Debemos tener cuidado de extraer de una experiencia solamente la sabiduría que contiene, y detenernos; no seamos como el gato que se sienta sobre la estufa caliente. Nunca volverá a sentarse sobre una estufa caliente (y eso está bien); pero tampoco volverá a sentarse sobre una fría."


"Recuerda que en la vida no hay fracasos, sólo resultados. Piensa una cosa: “¡El éxito es el resultado de las decisiones acertadas, las decisiones acertadas son el resultado de la experiencia y la experiencia suele ser el resultado de las decisiones equivocadas!”. ¿Qué puedes aprender de los errores pasados que te sea útil para mejorar tu vida actual?." A. Robbins 




Además de solucionar un problema ¿Qué otras cuestiones son importantes cuando tomamos una decisión?

Mostrar/Reconocer el error: Para que nuevas acciones sean posibles es imprescindible poder reconocer el error como tal, lo cual muchas veces no nos es fácil, fundamentalmente por esta cultura del castigo/miedo en la que nos movemos.

Buscar la Reparación: ¿Qué daños produjo esta equivocación? ¿Hay alguna manera de reparar el daño producido? Si no es así, ¿puedo perdonar, o perdonarme, u ofrecer mis disculpas al afectado?

Aprender: Tomar el error como un espacio de aprendizaje es lo que marca la diferencia entre el fracaso y el éxito. Es lo que permite, en un futuro, lograr un mejor resultado.

"Por la ignorancia nos equivocamos, y por las equivocaciones aprendemos". Proverbio Romano.



20 de junio de 2011

Soltando Amarras



Siempre es preciso saber cuándo se acaba una etapa de la vida. Si insistes en permanecer en ella más allá del tiempo necesario, pierdes la alegría y el sentido del resto. Cerrando círculos, o cerrando puertas, o cerrando capítulos, como quieras llamarlo. Lo importante es poder cerrarlos, y dejar ir momentos de la vida que se van clausurando.

¿Terminó tu trabajo?, ¿Se acabó tu relación?, ¿Ya no vives más en esa casa?, ¿Debes irte de viaje?, ¿La relación se acabó? Puedes pasarte mucho tiempo de tu presente “revolcándote” en los porqués, en devolver el cassette y tratar de entender por qué sucedió tal o cual hecho. El desgaste va a ser infinito, porque en la vida, tú, yo, tu amigo, tus hijos, tus hermanos, todos y todas estamos encaminados hacia ir cerrando capítulos, ir dando vuelta a la hoja, a terminar con etapas, o con momentos de la vida y seguir adelante.

No podemos estar en el presente añorando el pasado. Ni siquiera preguntándonos porqué. Lo que sucedió, sucedió, y hay que soltarlo, hay que desprenderse. No podemos ser niños eternos, ni adolescentes tardíos, ni empleados de empresas inexistentes, ni tener vínculos con quien no quiere estar vinculado a nosotros. ¡Los hechos pasan y hay que dejarlos ir!

Por eso, a veces es tan importante destruir recuerdos, regalar presentes, cambiar de casa, romper papeles, tirar documentos, y vender o regalar libros.Los cambios externos pueden simbolizar procesos interiores de superación.

Dejar ir, soltar, desprenderse. En la vida nadie juega con las cartas marcadas, y hay que aprender a perder y a ganar. Hay que dejar ir, hay que dar vuelta a la hoja, hay que vivir sólo lo que tenemos en el presente…

El pasado ya pasó. No esperes que te lo devuelvan, no esperes que te reconozcan, no esperes que alguna vez se den cuenta de quién eres tú… Suelta el resentimiento. El prender “tu televisor personal” para darle y darle al asunto, lo único que consigue es dañarte lentamente, envenenarte y amargarte.

La vida está para adelante, nunca para atrás. Si andas por la vida dejando “puertas abiertas”, por si acaso, nunca podrás desprenderte ni vivir lo de hoy con satisfacción. ¿Noviazgos o amistades que no clausuran?, ¿Posibilidades de regresar? (¿a qué?), ¿Necesidad de aclaraciones?, ¿Palabras que no se dijeron?, ¿Silencios que lo invadieron? Si puedes enfrentarlos ya y ahora, hazlo, si no, déjalos ir, cierra capítulos. Dite a ti mismo que no, que no vuelven. Pero no por orgullo ni soberbia, sino, porque tú ya no encajas allí en ese lugar, en ese corazón, en esa habitación, en esa casa, en esa oficina, en ese oficio.

Tú ya no eres el mismo que fuiste hace dos días, hace tres meses, hace un año. Por lo tanto, no hay nada a qué volver. Cierra la puerta, da vuelta a la hoja, cierra el círculo. Ni tú serás el mismo, ni el entorno al que regresas será igual, porque en la vida nada se queda quieto, nada es estático. Es salud mental, amor por ti mismo, desprender lo que ya no está en tu vida.

Recuerda que nada ni nadie es indispensable. Ni una persona, ni un lugar, ni un trabajo. Nada es vital para vivir porque cuando tú viniste a este mundo, llegaste sin ese adhesivo. Por lo tanto, es costumbre vivir pegado a él, y es un trabajo personal aprender a vivir sin él, sin el adhesivo humano o físico que hoy te duele dejar ir.

Es un proceso de aprender a desprenderse y, humanamente se puede lograr, porque te repito: nada ni nadie nos es indispensable. Sólo es costumbre, apego, necesidad. Pero cierra, clausura, limpia, tira, oxigena, despréndete, sacúdete, suéltate.

Hay muchas palabras para significar salud mental y cualquiera que sea la que escojas, te ayudará definitivamente a seguir para adelante con tranquilidad. ¡Esa es la vida!
Lo más importante en el proceso de un duelo es aprender a
enfrentarse con la ausencia de aquello que no está, es tolerar la impotencia
frente a lo que se quebró, es hacerse fuerte para soportar la conciencia de
todo lo que no pudo ser; esta es la esencia del dolor que subyace a una
pérdida.

Jorge Bucay

Lo más importante en el proceso de un duelo es aprender a
enfrentarse con la ausencia de aquello que no está, es tolerar la impotencia
frente a lo que se quebró, es hacerse fuerte para soportar la conciencia de
todo lo que no pudo ser; esta es la esencia del dolor que subyace a una
pérdida.

"Cada pérdida, cada cosa que desaparece, es porque así tiene que ser. Déjalas ir, y prepárate para todo lo bueno que llega a tu vida, tu sigue avanzando y confía, porque la escalera de tu vida, aquella por la que tienes que ascender para ir creciendo exterior e interiormente es mágica y si no me crees, ¿porque no lo compruebas por ti mism@? "

17 de junio de 2011

Cuando queremos decir "NO" y decimos "SÍ"



En una vida en sociedad, el hecho de comunicarse de forma eficiente, incluso dejando un poso
de imagen positiva ante nuestros interlocutores, es uno de los cometidos claves para la gran
mayoría de personas.
Existen dos cosas que a una gran mayoria, les resulta problemático o dificil:

-La primera es pedir favores.
-La segunda, decir NO.

Es esta última la que me ha llevado a escribir esta entrada, y analizando el porqué de esta dificultad,
hay que tener en cuenta que que el dar respuestas negativas, realmente supone un gran esfuerzo, teniendo en
cuenta el empeño que por regla general, tenemos por caer bien, en resultar tolerantes, amables, diligentes y
amables.

Si nos remitimos al proceso evolutivo del ser humano, más concretamente a cuando somos bebés,
entre las primeras actitudes que aprende un bebé, la de negarse, la de rebelarse ante sus padres,
ocupa un lugar preferente. Oponerse es la mejor manera que el niño o niña tiene para afirmarse.
En la adolescencia, esta estrategia no solo no remite, sino que recobra más fuerza aún,
convirtiendose casi en un patrón de conducta.
A medida que el joven va asumiendo mayores cuotas de responsabilidad y autonomía,
le resulta más difícil decir no. Comienzan a adquirir relevancia planteamientos como los de evitar problemas innecesarios y propiciar un buen ambiente con su entorno, caer bien a los demás, soslayar las discusiones...
El problema surge cuando esta tendencia se consolida en exceso y, por timidez, comodidad o pragmatismo
se convierte en hábito.

Si no manifestamos nuestro desacuerdo cuando discrepamos en cuestiones importantes,
o si hacemos lo que consideramos inapropiado o lo que resulta perjudicial para nuestros intereses,
anteponemos las necesidades, opiniones o deseos de los demás a los nuestros.
Esto puede causarnos, problemas de autoestima, y puede trasmitir de nosotros una imagen de personas con poco criterio.

¿Por qué ese miedo a decir NO?

-Miedo a defraudar las expectativas de otros.
-Temor a no dar la talla, por no saber argumentar nuestra negativa.
-Miedo a no ser valorados o queridos....

Cuando queremos decir "no" y, sin embargo, decimos "sí", estamos devaluando nuestro "sí",
ya que,lo hemos despojado de su verdadero valor. Y devaluar nuestra afirmación es hacerlo con nuestro crédito como personas que sienten, piensan y tienen criterio propio. Equivale a devaluarnos ante los demás y ante nosotros mismos.

Hemos de buscar un equilibrio que nos permita ser tolerantes y comprensivos,
pero siempre habilitando un espacio para expresar nuestros matices o discrepancias.
Debemos ser nosotros mismos, ante todo, conectar con nuestras necesidades, atender a lo que queremos y necesitamos, priorizar el cómo estamos en cada momento y situación, nos obliga a saber decir "no".
En ocasiones, decir "no" resulta necesario para conocernos, para significarnos y mostrarnos al mundo tal como somos.
Desde la sinceridad empática (acercándonos a la situación del interlocutor), entablaremos unas relaciones de autenticidad, en las que impere un diálogo más veraz, fluido y constructivo. Y podremos decir que sabemos con quién hablamos y cómo se encuentra la persona con la que lo hacemos. Hay demasiadas relaciones vacías, formales, vestidas de cordialidad y buenos modales.
Una cosa es la sociabilidad y otra muy distinta, la hipocresía del "quedar bien" a toda costa.

CONCLUSIONES:

    -No nos sintamos culpables por decir "no".

    -Dar (adecuadamente) prioridad a nuestras necesidades, opiniones y deseos no es una manifestación de egoísmo, sino de responsabilidad, autoestima y madurez.

    -Decir "no" cuando lo consideramos justo o necesario es la mejor forma de comprobar en qué medida se nos valora y se nos quiere por cómo somos en realidad.

    -Permitámonos verificar que nuestras negativas no sólo no rompen vínculos con los demás,
     sino que plasman un compromiso de sinceridad, respeto (por los demás y por nosotros mismos),
     responsabilidad y autenticidad.
    Si ejercemos nuestro derecho a decir "no", podremos pensar que los demás hacen lo propio,
     y asentaremos una comunicación más fiable, veraz y fluida.

 

15 de junio de 2011

Resiliencia: Creciendo desde la Adversidad



"Cuando una puerta se cierra a la felicidad, otra se abre. A menudo miramos tanto la puerta cerrada, que no vemos la nueva puerta que se abrió para nosotros. "  Helen Keller


 Hay momentos en nuestra vida que parece que todo esta en contra, donde nos vemos expuestos a situaciones muy dificiles o adversas, es en estas situaciones donde parece que la vida nos pone a prueba para buscar dentro de nosotros esos recursos y habilidades para enfrentar la desdicha que estamos viviendo. Hay personas que pueden tener el coraje de salir adelante a pesar de todo lo malo que vivan o que sufran, es como si tuvieran un don para afrontar los problemas y no solo poder recuperarse, sino que transforma su experiencia traumática en un crecimiento personal y hay otras personas que  se estancan en su dolor. A esta capacidad se le llama Resiliencia, y nos indicaría el grado en que una persona está preparada para resistir ante los contratiempos, para tolerar las situaciones en las que se ve sometida a presión (tanto externa como interna). Nos indicaría la habilidad para enfrentarse a los problemas y salir fortalecido de ellos. 

Se trata de una habilidad con la que nacemos todos los seres humanos, pero que se modifica según haya sido nuestra experiencia con el paso de los años. Es decir, que se puede entrenar, ya sea para mejorarla o para eliminarla de nuestro repertorio de conductas naturales.
Pensemos en un bebé que quiere agarrar el juguete que cuelga de su cuna. Si se frustrara al primer intento jamás llegaría a coordinar sus movimientos ojo-mano. Y cuando le llegase la hora de aprender a caminar, se quedaría sentado para siempre después de la primera caída. No volvería a intentarlo porque no le salió bien las doscientas primeras veces que lo intentó. 

¿Cómo podemos potenciar la Resilencia?

•  Mejorando nuestra autoestima. Aprendamos a querernos y a encontrar esas capacidades que nos hacen especiales y diferentes al resto del mundo. Tratémonos, al menos, con el mismo respeto con el que tratamos a los demás.
•  Permitámonos un tiempo para nuestro disfrute y para dedicarlo a nuestras aficiones.
•  Encaremos las dificultades con flexibilidad y buscando soluciones creativas, tratando de encontrar diferentes respuestas posibles a cada situación a la que nos enfrentemos.
•  Seamos proactivos anticipándonos a los problemas. No esperemos a que las situaciones nos superen, como suele decirse “agarremos el toro por los cuernos”. Debemos reflexionar antes de actuar.
•  Perdamos el miedo a pedir ayuda. Una muestra de grandeza personal es saber pedir ayuda cuando la necesitamos.
•  Y por supuesto, tratemos de buscar siempre el lado amable de las cosas. Si al final no nos queda otra que sufrir un revés de la vida, no nos quedemos sólo en lo mucho que sufrimos y padecemos, vayamos más allá tratando de aprender todo lo posible de esa situación. Busquemos siempre algo positivo, aunque sólo sea que “de esto también se sale”.



..."Siempre puedes empezar de nuevo y convertir la adversidad, en un nuevo aprendizaje
sano y beneficioso..."


14 de junio de 2011

Estrategias para el control y manejo de las Emociones


Una de las habilidades fundamentales de la inteligencia emocional es el adecuado manejo de las
emociones en uno mismo, también llamada autocontrol emocional. El control de las emociones no
significa que ellas deban suprimirse, sino que se refiere a cómo manejarlas, regularlas o transformarlas
si es necesario. Supone poseer una serie de habilidades que permitan a la persona hacerse cargo
de la situación, tomar decisiones entre alternativas posibles y reaccionar de manera controlada ante
los diversos acontecimientos de la vida. El autocontrol puede ser enseñado y aprendido, de allí que
sea uno de los objetivos de los programas de educación emocional. El autocontrol emocional persigue
encontrar el equilibrio emocional para alcanzar la autonomía y el bienestar personal.

Poseer control emocional no significa que no tengamos que enfrentarnos en la vida diaria a
situaciones que impliquen conflictos con otras personas o situaciones, significa saber superar los bloqueos emocionales que ciertas situaciones pueden provocar. Lo verdaderamente importante es intentar reconocer y  controlar las emociones negativas para que no desplacen las positivas.

La dinámica de la sociedad actual enfrenta a las personas de manera continua a situaciones que le
ocasionan enfado o irritaciones, ansiedad o preocupación, estrés, miedo o depresión. El autocontrol
emocional supone el conocimiento de uno mismo e implica la observación y percepción de nuestras
emociones en esas circunstancias, para poder generar estrategias de afrontamiento apropiadas.

En ese sentido se recomienda:
Autoconocerse a través de la propia reflexión para identificar las emociones positivas y negativas
que experimentamos.
Controlar la expresión de las emociones negativas y promover la expresión de las emociones
positivas, esto favorece nuestro bienestar personal y las relaciones con los otros.

Estrategias para el control de las emociones:

a) La respiración:
 La respiración es esencial para la vida. Una respiración correcta es un antídoto contra el estrés.
Los ejercicios de respiración han demostrado ser útiles en la reducción de la ansiedad, la depresión,
la irritabilidad, la tensión muscular y la fatiga. La respiración nos proporciona una mejor oxigenación
optimizando la vida, cuanto más oxigenado tengamos el cerebro, seremos más claros, más lúcidos y
más eficaces.

b) La relajación:
La relajación es tan importante como la respiración, ambas están interrelacionadas a tal
punto que una modifica la otra. Cuando nuestro cuerpo está en tensión, envía señales al cerebro
de que no estamos tranquilos y se genera un círculo promotor de ansiedad. Para mantener la
regulación emocional es importante mantener también un cuerpo relajado y tonificado.
La relajación física resulta esencial para combatir estados emocionales relacionados con la
ansiedad, el estrés, el miedo, el manejo de la rabia y la depresión, entre otros.

c) La visualización:

El propósito de la visualización es reprogramar las actitudes mentales de la
persona y así capacitarlo para efectuar cambios positivos en su mente, emoción y conducta.

d) La meditación:

La meditación es un estado de sosiego que permite observar los propios pensamientos y actitudes.
Es beneficiosa tanto física como mentalmente, y estimula la agudeza mental.

e) El control del pensamiento o terapia cognitiva:

En las situaciones normales de la vida diaria, entre los sucesos y la emoción existe un diálogo
interior. En la mayoría de los casos la emoción procede de la interpretación del suceso y no del propio
suceso, y esta interpretación está mediada por los pensamientos que se tengan al respecto. En ocasiones,
se tienen pensamientos deformados o distorsionados de la realidad que hacen estallar y/o exacerbar
emociones negativas, es lo que se denomina distorsiones cognitivas o pensamientos automáticos.




«Hemos llegado a creer que una persona “es inteligente” si tiene títulos académicos
o una gran capacidad en alguna disciplina escolástica (matemáticas,
ciencias, vocabulario). Pero los hospitales psiquiátricos están atiborrados de pacientes
con esas credenciales. El verdadero barómetro de la inteligencia es una
vida feliz y efectiva, vivida cada día, y cada momento de cada día».
Wayne W. Dyer , 1976.




12 de junio de 2011

La Inteligencia Emocional: Educando nuestras emociones (1)

La inteligencia emocional se refiere a la capacidad de identificar, comprender y manejar las
emociones en uno mismo y en los demás. La inteligencia emocional es la base de la competencia
emocional, entendida como una capacidad adquirida que puede desarrollarse a través del
modelamiento y la educación.


 

De acuerdo con Goleman (2001), las personas emocionalmente desarrolladas, es decir, las
personas que gobiernan adecuadamente sus emociones y que también saben interpretar y relacionarse
efectivamente con las emociones de los demás, disfrutan de una situación ventajosa en todos
los dominios de la vida. Estas personas suelen sentirse más satisfechas, son más eficaces y más
capaces de dominar los hábitos mentales que determinan la productividad. Quienes por el contrario, no pueden controlar su vida emocional, se debaten en constantes luchas internas que socavan su
capacidad de trabajo y les impiden pensar con suficiente claridad.

Las personas emocionalmente inteligentes

 


-Tipos de Emociones.-

Emociones básicas: se inician con rapidez y duran unos segundos cada vez. Los investigadores
discrepan en lo que concierne al número de ellas, pero en general se reconocen como tales:
la alegría, la aflicción o tristeza, la ira, el miedo, la sorpresa y el asco. No existe cultura alguna de
la que estén ausentes estas emociones. No son aprendidas sino que forman parte de la configuración
del ser humano. Esto se evidencia en la presencia de las mismas expresiones faciales en los
ciegos congénitos. Se pueden usar palabras o conceptos distintos para describir una determinada
emoción, pero la expresión facial es la misma.
Emociones secundarias: emanan de las primarias o básicas, se deben en gran grado al desarrollo individual
y sus respuestas difieren ampliamente de unas personas a otras.
Emociones negativas: implican sentimientos desagradables, valoración de la situación como
dañina y la movilización de muchos recursos para su afrontamiento. Ej.: el miedo, la ira, la tristeza y
el asco.
Emociones positivas: son aquellas que implican sentimientos agradables, valoración de la situación
como beneficiosa, tienen una duración temporal muy corta y movilizan escasos recursos
para su afrontamiento. Ej.: felicidad.
Emociones neutras: son las que no producen intrínsicamente reacciones ni agradables ni desagradables,
es decir que no pueden considerarse ni como positivas ni como negativas, y tienen como
finalidad el facilitar la aparición de posteriores estados emocionales. Ej.: la sorpresa.


EMOCIONES SOCIALES

 

Reconocer nuestras propias emociones así como sus efectos en nosotros y en otros es una de
las aptitudes indispensables de la inteligencia emocional. Si nos falta somos vulnerables y podemos
cometer graves errores. Todos sentimos impulsos emocionales que pueden ser ira, miedo, felicidad,
amor, sorpresa, disgusto o tristeza (por citar algunas emociones) que son valiosos avisos que bien
interpretados nos pueden llevar en una dirección constructiva. En algunos casos, esa falta de oído
emocional se presenta como mensajes que el cuerpo trata de enviarnos bajo la forma de jaquecas,
dolores de espalda, sueño, etc, para hacernos saber que algo está mal.

«La esencia de la inteligencia emocional es tener tus emociones trabajando
para ti y no en tu contra».



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