17 de junio de 2011

Cuando queremos decir "NO" y decimos "SÍ"



En una vida en sociedad, el hecho de comunicarse de forma eficiente, incluso dejando un poso
de imagen positiva ante nuestros interlocutores, es uno de los cometidos claves para la gran
mayoría de personas.
Existen dos cosas que a una gran mayoria, les resulta problemático o dificil:

-La primera es pedir favores.
-La segunda, decir NO.

Es esta última la que me ha llevado a escribir esta entrada, y analizando el porqué de esta dificultad,
hay que tener en cuenta que que el dar respuestas negativas, realmente supone un gran esfuerzo, teniendo en
cuenta el empeño que por regla general, tenemos por caer bien, en resultar tolerantes, amables, diligentes y
amables.

Si nos remitimos al proceso evolutivo del ser humano, más concretamente a cuando somos bebés,
entre las primeras actitudes que aprende un bebé, la de negarse, la de rebelarse ante sus padres,
ocupa un lugar preferente. Oponerse es la mejor manera que el niño o niña tiene para afirmarse.
En la adolescencia, esta estrategia no solo no remite, sino que recobra más fuerza aún,
convirtiendose casi en un patrón de conducta.
A medida que el joven va asumiendo mayores cuotas de responsabilidad y autonomía,
le resulta más difícil decir no. Comienzan a adquirir relevancia planteamientos como los de evitar problemas innecesarios y propiciar un buen ambiente con su entorno, caer bien a los demás, soslayar las discusiones...
El problema surge cuando esta tendencia se consolida en exceso y, por timidez, comodidad o pragmatismo
se convierte en hábito.

Si no manifestamos nuestro desacuerdo cuando discrepamos en cuestiones importantes,
o si hacemos lo que consideramos inapropiado o lo que resulta perjudicial para nuestros intereses,
anteponemos las necesidades, opiniones o deseos de los demás a los nuestros.
Esto puede causarnos, problemas de autoestima, y puede trasmitir de nosotros una imagen de personas con poco criterio.

¿Por qué ese miedo a decir NO?

-Miedo a defraudar las expectativas de otros.
-Temor a no dar la talla, por no saber argumentar nuestra negativa.
-Miedo a no ser valorados o queridos....

Cuando queremos decir "no" y, sin embargo, decimos "sí", estamos devaluando nuestro "sí",
ya que,lo hemos despojado de su verdadero valor. Y devaluar nuestra afirmación es hacerlo con nuestro crédito como personas que sienten, piensan y tienen criterio propio. Equivale a devaluarnos ante los demás y ante nosotros mismos.

Hemos de buscar un equilibrio que nos permita ser tolerantes y comprensivos,
pero siempre habilitando un espacio para expresar nuestros matices o discrepancias.
Debemos ser nosotros mismos, ante todo, conectar con nuestras necesidades, atender a lo que queremos y necesitamos, priorizar el cómo estamos en cada momento y situación, nos obliga a saber decir "no".
En ocasiones, decir "no" resulta necesario para conocernos, para significarnos y mostrarnos al mundo tal como somos.
Desde la sinceridad empática (acercándonos a la situación del interlocutor), entablaremos unas relaciones de autenticidad, en las que impere un diálogo más veraz, fluido y constructivo. Y podremos decir que sabemos con quién hablamos y cómo se encuentra la persona con la que lo hacemos. Hay demasiadas relaciones vacías, formales, vestidas de cordialidad y buenos modales.
Una cosa es la sociabilidad y otra muy distinta, la hipocresía del "quedar bien" a toda costa.

CONCLUSIONES:

    -No nos sintamos culpables por decir "no".

    -Dar (adecuadamente) prioridad a nuestras necesidades, opiniones y deseos no es una manifestación de egoísmo, sino de responsabilidad, autoestima y madurez.

    -Decir "no" cuando lo consideramos justo o necesario es la mejor forma de comprobar en qué medida se nos valora y se nos quiere por cómo somos en realidad.

    -Permitámonos verificar que nuestras negativas no sólo no rompen vínculos con los demás,
     sino que plasman un compromiso de sinceridad, respeto (por los demás y por nosotros mismos),
     responsabilidad y autenticidad.
    Si ejercemos nuestro derecho a decir "no", podremos pensar que los demás hacen lo propio,
     y asentaremos una comunicación más fiable, veraz y fluida.

 

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